Decir que no a los niños. ¿Cuántas veces lo hacemos?

No, no y no. ¿Cuántas veces hay que decir no a los niños? ¿Y cuántas lo hacemos? A veces parece que es la palabra que más sale de nuestra boca. No quiero ir a trabajar, no quiero levantarme, no quiero llevarle al cole, no quiero hacer la comida… Nosotros mismos nos ponemos impedimentos para que nuestro día no sea muy agradable. Esas simples palabras, más que concienciarnos sobre aquellas cosas que no nos gustan, hacen que nos llenemos de negativismo.

¿Y qué pasa si esto lo aplicamos a los pequeños de la casa? ¡No toques esto! ¡No grites! Etcétera, etcétera. Pues que tampoco es que les volvamos unas personas muy positivas que digamos. Veamos, es necesario poner límites a los niños y que comprendan aquellas cosas que son perjudiciales para ellos. Para ello, les indicamos que pueden y no pueden hacer. Puedes jugar con tu tractor, no puedes ver la tele, puedes correr en el parque; la lista es larga pero obviamente la lista “negra” puede no tener fin.

Los padres representan la autoridad y son quienes establecen las normas y los límites. Si ellos dicen “no”, no hay lugar para la discusión. Al menos así era antes, donde la palabra del progenitor era incuestionable. Ahora, ser padre no es sinónimo de ser autoritario. Es muy importante saber que no es lo mismo ser autoritario que tener autoridad. Se puede definir esto último como: “carácter o representación de una persona por su empleo, mérito o nacimiento” (Rocío Paul, Luis Torres: Niños: Instrucciones de uso. Barcelona, 2014). Sin embargo, los problemas vienen cuando esa autoridad no se ejerce de manera adecuada.

En el libro antes mencionado se pone de relieve que para obtener esa autoridad se necesitan tres factores:

  1. Las normas deben de tener en cuenta a cada miembro de la familia, sus necesidades, no sólo estar regido con las preferencias de los padres.
  2. Haya un consenso entre los que poseen la autoridad. Cuando los padres no están de acuerdo y lo expresan delante de los niños, éstos buscarán el flaco “blando” para conseguir lo que quieren.
  3. Se haga cumplir las normas, con las consiguientes consecuencias que éstas acarreen. Si un niño no cumple lo marcado sabrá que puede ocurrirle, por lo que habrá que actuar según lo establecido para que el niño no piense que puede torear a los padres.

Una vez que los padres poseen esa autoridad y sepan mostrarse firmes, el “no” servirá para evitar situaciones desagradables.

Los niños son inquietos. Corren, saltan, ensucian, gritan… Se divierten y no piensan más que en eso. Nosotros no podemos andar todo el día persiguiéndoles pues nos volveríamos locos. A veces andamos ocupados y actuamos precipitadamente cuando vemos que algo no nos gusta. ¡No corras, no saltes, no te metas en el charco, no grites así! No paramos de darles órdenes y decir “no”.

Niño corre salta sentadaenmicolumpio

Las consecuencias de este exceso pueden ser el acostumbramiento del niño a las negativas, eso a su vez puede provocar rebeldía ante el extremo control o amilanamiento. Por supuesto hablamos de casos extremos que no se producen muy frecuentemente, pero aun así no es recomendable mandar sin dar explicaciones por no disponer de tiempo. Además, la autonomía de los niños se retrasará al depender constantemente de sus padres. No aprenden a ser libres y tomar decisiones, se frustran al no verse cumplidos sus deseos.

Si usamos ese “no” tan frecuentemente se acostumbrarán a él y nos tomarán por el pito del sereno. Para que esto no ocurra es muy importante que las palabras vayan acompañadas de la comunicación no verbal, de decir, una mirada severa sin perder el contacto visual ni el control de uno mismo. No se puede perder la paciencia.

También es muy importante que si no cumplen con lo establecido, sus actos tendrán consecuencias que en ningún caso se pueden revocar. Más vale poner un castigo más ligero que amenazar con uno más grave que no se vaya a cumplir. Tienen que aprender a qué atenerse, eso asimismo les da seguridad.

Los “No” implican límites para la buena convivencia y demuestra a los pequeños que son necesarios, aunque no comprendan realmente su implicación. Como siempre, los niños aprenden del ejemplo e imitarán lo que vean en casa, así pues el uso de la palabra “no” les enseñará en qué situaciones utilizarla y cómo. Un niño al que no se le niega nada aparte de volverse malcriado puede que no aprenda a decir que no cuando es necesario. Imagina una persona adulta con dificultades para negarse a lo que le piden. ¿Será libre en sus actos y, feliz por hacer algo que no quiere pero no se atreve a decir?

Hay que ser muy consecuente con el “no”, ni tanto ni tan calvo, buscad vuestro equilibrio pues como digo siempre, “cada persona es un mundo”, y los niños son pequeñas personitas únicas.

  • Amadis Blanco Valbuena

    Me encanta cada post! Besos!

    • Magda Kowieska

      ¡Muchas gracias Amadis! No olvides recomendarlo a los que pueda interesarles 😉

    • Magda Kowieska

      ¡Muchas gracias Amadis! Sigue disfrutándolos que ahora intento publicar más. Y no olvides recomendarlo a quien creas que puede interesarle 😉