Natación y niños: Una combinación perfecta para la vida saludable

La natación tanto para niños como para adolescentes es un deporte excepcional, ya que involucramos todos nuestros músculos para realizar los ejercicios. El medio acuático favorece la socialización y nos ayuda a mantener nuestro sistema cardiovascular sano sin importar la edad que tengamos.

¿Cuáles son los beneficios que puede aportar la natación a nuestros hijos? La ejercitación de los músculos, gracias a la cual se produce un incremento de la fuerza favoreciendo así un temprano desarrollo de habilidades psicomotrices tales como gatear o caminar, amplía la capacidad de su sistema respiratorio y la regulación adecuada a su circulación sanguínea. El coeficiente intelectual aumenta, y se vuelven más observadores y creativos.

Además, los niños con diabetes pueden ver como gracias a este deporte su metabolismo mejora considerablemente, ya que realizar natación reduce el nivel de glucosa en la sangre, y además, incrementa la eficacia de la insulina.

Como podemos observar este deporte posee una multitud de características positivas para la salud de nuestros pequeños, pero además del aporte saludable, el entorno acuático contribuye a la independencia y a la autoconfianza del niño, desarrollando, además, habilidades como la supervivencia, al flotar o al girarse dentro del agua y ponerse de espalda.

En muchas ocasiones los niños tienen miedo al agua y sólo quieren bañarse con flotadores o artículos con los que se sienten seguros. Pero, ¿por qué tienen este miedo? Normalmente suele ser la sociedad o los propios progenitores los que transmiten dicho pánico porque temen que sus hijos no sepan defenderse y se ahoguen. Lo principal es no trasladar este miedo porque debemos recordar que hemos pasado 9 meses dentro del vientre de nuestra madre con líquido amniótico el cual ayuda al feto a moverse.

Mi primera experiencia en una piscina fue con 9 meses cuando mi querido padre decidió cogerme en brazos y lanzarse conmigo al agua, una vez estábamos ambos en el fondo de la piscina me soltó y yo por mi propio instinto salí a flote. Mi padre me sostenía y yo me movía con el conocido movimiento ‘del perrito’. Tras esta experiencia, con tres años me apuntaron a natación, siendo en aquella época la alumna más pequeña, gracias a la profesora aprendí a nadar y a no tener miedo al agua. Yo nunca utilicé flotadores ni manguitos y mis padres nunca me transmitieron ese miedo irracional que muchos, sin querer, les transfieren a sus hijos.

Actualmente, los niños pueden ir a natación a cualquier edad, pero hace 26 años era extraño que los niños con tan solo 3 meses acudiesen a las escuelas de natación a desenvolverse en el mundo acuático.

El niño tiene que pasar por tres fases importantes a la hora de aprender a nadar:

Supervivencia: Es en este momento cuando se adoctrina a los pequeños a familiarizarse con el agua, a respirar, y más adelante, a flotar. Cuando los niños tienen la confianza necesaria se enseña la propulsión por el medio acuático.

Autonomía: Aquí se empiezan a trabajar los desplazamientos, los saltos y los juegos en el agua.

Técnica: En este momento es cuando se comienza a practicar la natación como disciplina deportiva. Se enseñan a los niños los diferentes estilos y movimientos de competición (espalda, crol, braza, mariposa).

Llegados a este punto, nos preguntamos: ¿Cuál es la mejor edad para que nuestro hijo se familiarice con el agua? No hay una edad determinada, ya que puedes ir con tu bebé a los pocos meses de nacer para que chapotee y se divierta en el agua aprendiendo, además, medidas de seguridad como soplar burbujas con la boca bajo el agua para evitar que la trague. Es lo que se conoce como matronatación donde padres o madres disfrutan de sus pequeños dentro del agua.

La práctica de la natación con bebés es adecuada para que se familiarice con el entorno acuático, pero no debemos olvidar que, no se trata de clases para que aprendan a nadar, ya que dicha habilidad se suele adquirir cuando los niños tienen entre 4 y 5 años de edad.

Para que nuestros hijos practiquen este deporte tan saludable debemos tener en cuenta una serie de puntos:

– La intensidad de las sesiones se aumentará de forma progresiva. Cuando son bebés no debemos estar dentro del agua más de 30 minutos, para evitar posibles hipotermias.  A medida que nuestro pequeño vaya creciendo iremos incrementando la intensidad.

– Es imprescindible ducharse antes y después de cada sesión para que el cloro no irrite la piel. Actualmente, se están poniendo muy de moda las piscinas de agua de sal, las cuales tienen mayores beneficios para la salud tanto para los adultos como para los pequeños.

– Equipar a nuestro hijo con el calzado adecuado para evitar el contagio de hongos tanto en las piscinas como en las duchas. El gorro y las gafas son herramientas imprescindibles para realizar este deporte.

Ahora solo toca disfrutar de nuestros hijos, no transmitir miedo alguno así que… ¡al agua patos!

  • Amadis Blanco Valbuena

    Me encanto!

    • Magda Kowieska

      ¡Muchas gracias Amadis!